AUTO-GNOSIS | NOUS | PNEUMA
No está demás en este tratado aclarar en forma enfática, que el Gnosticismo es un proceso religioso muy íntimo, natural y profundo.
Esoterismo auténtico de fondo desenvolviéndose de instante en instante, con vivencias místicas muy particulares y doctrinas y ritos propios.
Doctrina extraordinaria que fundamentalmente adopta la forma mística y, a veces mitológica.
Liturgia mágica inefable con viva ilustración para la Consciencia Superlativa del Ser.
Incuestionablemente el conocimiento Gnóstico escapa siempre a los normales análisis del racionalismo subjetivo.
El correlato de este conocimiento es la intimidad infinita de la persona, el Ser.
La razón de ser del Ser es el mismo Ser. Sólo el Ser puede conocerse a sí mismo. El Ser por lo tanto se Auto-conoce en la Gnosis.
El Ser revaluándose y conociéndose a sí mismo, es la AUTO-GNOSIS; indubitablemente esta última en sí misma es la Gnosis.
El AUTO-CONOCIMIENTO del Ser es un movimiento suprarracional que depende de él, que nada tiene que ver con el intelectualismo.
El abismo que existe entre el Ser y el Yo es infranqueable y por esto el Pneuma, el espíritu, se reconoce y este reconocerse es un acto autónomo para el que la razón subjetiva del mamífera intelectual resulta ineficaz, insuficiente, terriblemente pobre.
AUTO-CONOCIMIENTO, AUTO-GNOSIS, implica la aniquilación del “YO” como trabajo previo, urgente, impostergable.
El Yo, el EGO, está constituido por sumas y restas de elementos subjetivos, inhumanos, bestiales, que incuestionablemente tienen un principio y un fin.
La Esencia, la Consciencia, embutida, embotellada, enfrascada, entre los diversos elementos que constituyen el “mi mismo”, el “Ego”, desafortunadamente se procesa dolorosamente en virtud de su propio condicionamiento.
Disolviendo el “Yo”, la esencia, la consciencia, despierta, se ilumina, se libera, entonces deviene como secuencia o corolario, el AUTO-CONOCIMIENTO, la AUTO-GNOSIS.
Indudablemente la revelación legítima tiene sus basamentos irrefutables, irrebatibles, en la AUTO-GNOSIS.
La revelación Gnóstica es siempre inmediata, directa, intuitiva; excluye radicalmente las operaciones intelectuales de tipo subjetivo, nada tiene que ver con la experiencia y ensamble de datos fundamentalmente sensoriales.
La inteligencia o “NOUS” en su sentido gnoseológico, si bien es cierto que puede servir de basamento a la intelección iluminada, se niega rotundamente a caer en el vano intelectualismo.
Resultan palmarias, y evidentes las características Ontológicas, Pneumáticas o Espirituales del NOUS (Inteligencia).
En nombre de la Verdad declaro solemnemente que el Ser es la única real existencia, ante cuya transparencia inefable y terriblemente Divina, eso que llamamos Yo, Ego, mi mismo, si mismo, es meramente tinieblas exteriores, llanto y crujir de dientes.
La AUTO-GNOSIS, o RECONOCIMIENTO AUTO-GNOSTICO del SER, dada la vertiente antropológica del PNEUMA o Espíritu, resulta algo decididamente Salvador.
Conocerse a sí mismo es haber logrado la identificación con su propio Ser Divinal.
Saberse idéntico con su “Propio Pneuma o Espíritu”, experimentar directamente la identificación entre lo conocido y lo cognoscente, es eso que podemos y debemos definir como AUTO-GNOSIS.
Ostensiblemente esta develación extraordinaria nos invita a morir en sí mismo a fin de que el Ser se manifieste en nosotros. Por lo contrario, alejarse del Ser, continuar como Ego dentro de la herejía de la separatividad, significa condenarse a la involución sumergida de los “Mundos Infiernos”.
Esta reflexión evidente nos conduce al tema de la “Libre Elección” Gnóstica. Incuestionablemente el gnóstico serio es un elegido a posteriore.
La gnóstica experiencia permite al sincero devoto, saberse y auto-realizarse íntegramente.
Entiéndase por Auto-realización, el armonioso desarrollo de todas las infinitas posibilidades humanas.
No se trata de datos intelectuales caprichosamente repartidos, ni de mera palabrería insubstancial de charla ambigua. Todo lo que en estos párrafos estamos diciendo, tradúzcase como experiencia auténtica, vívida, real.
No existe en las corrientes gnósticas el Dogma de la predeterminacion Ortodoxa, que nos embotellaría lamentablemente en una estrecha concepción de la Deidad Antropomórfica.
Dios en griego es THEO, en latín DEUS y en sánscrito DIV ó DEVA, palabra ésta que se traduce como Angel o Angeles.
Aún entre los más conservadores pueblos semíticos, el más antiguo Dios de Luz, “EL ó ILU”, aparece en los primeros capítulos del Génesis en su forma plural sintética de los Elohim.
Dios no es ningún individuo humano o Divino en particular; Dios es Dioses. El es el “Ejército de la Voz”, “La Gran Palabra”, “El Verbo” del Evangelio de San Juan, El Logos Creador, Unidad Múltiple Perfecta.
Auto-conocerse y realizarse en el Horizonte de las infinitas posibilidades, implica el ingreso o re-ingreso a la “Hueste Creadora de los ELOHIM”. Y esta es la seguridad el gnóstico, el Ser se la ha descubierto íntegramente, y sus esplendores maravillosos destruyen radicalmente toda ilusión.
La abertura del “Pneuma” o Espíritu Divino del hombre, encierra el total contenido Soteriológico.
Si se posee la Gnosis de los Grandes Misterios Arcaicos, es porque al dinamismo revelador del Ser, algunos hombres muy santos lograron aproximarse debido a su lealtad doctrinaria.
ANTROPOLOGIA GNOSTICA................................ Como quiera que los estudios Gnósticos han progresado extraordinariamente en estos últimos tiempos, ninguna persona culta caería hoy como antaño, en el error simplista de hacer surgir las corrientes gnósticas de alguna exclusiva latitud espiritual. Si bien es cierto que debemos tener en cuenta en cualquier sistema gnóstico sus elementos helenísticos orientales, incluyendo Persia, Mesopotamia, Siria, India, Palestina, Egipto, etc., nunca deberíamos ignorar los principios gnósticos perceptibles en los sublimes cultos religiosos de los nahuas, toltecas, aztecas, zapotecas, mayas, chibchas, incas, quechuas, etc., de indoamérica. Hablando muy francamente y sin ambages diremos: LA GNOSIS ES UN FUNCIONALISMO MUY NATURAL DE LA CONSCIENCIA, UNA "PHILOSOPHIA PERENNIS ET UNIVERSALIS" Incuestionablemente, GNOSIS es el conocimiento iluminado de los Misterios Divinos reservados a una elite. La palabra GNOSTICISMO encierra dentro de su estructura gramatical, la idea de sistemas o corrientes dedicadas al estudio de la Gnosis. Este Gnosticismo implica una serie coherente, clara, precisa, de elementos fundamentales, verificables mediante la experiencia mística directa: "La maldición desde un punto de vista científico y filosófico". "El Adán y Eva del Génesis hebraico". "El pecado original y la salida del Paraíso". "El Misterio de Lucifer-Nahuatl". "La muerte del mi mismo". "Los poderes creadores". "La esencia del SALVATOR SALVANDUS". "Los Misterios Sexuales". "El Cristo Intimo". "La Serpiente Ignea de nuestros mágicos poderes". "El descenso a los infiernos". "El regreso al Edem". "El Don de Mefistófeles". Sólo las doctrinas gnósticas que impliquen los fundamentos ontológicos, teológicos y antropológicos renglones arriba citados, forman parte del gnosticismo auténtico. PRE-GNOSTICO es aquel que en forma concreta, evidente y específica, presenta algún carácter de cierta manera detectable en los sistemas gnósticos, pero integrado ese aspecto en una concepción "In Toto" ajena al gnosticismo revolucionario. Pensamiento que ciertamente no es y sin embargo es gnóstico. Lo PROTOGNOSTICO es todo sistema gnóstico en estado incipiente y germinal; movimientos dirigidos por una actitud muy similar a la que caracteriza a las corrientes gnósticas definidas. El adjetivo "gnóstico" puede y hasta debe ser aplicado inteligentemente tanto a condiciones que en una u otra forma se relacionen con la Gnosis como al Gnosticismo. El término "GNOSTIZANTE" incuestionablemente se encuentra muy cercan a Pregnóstico por su significación, ya que el vocablo, en realidad, "Stricto Sensu", se relaciona con aspectos intrínsecos que poseen cierta similitud con el Gnosticismo Universal pero integrados en una corriente no definida como Gnosis. Establecidas firmemente estas aclaraciones semánticas, pasemos ahora a definir con entera claridad meridiana el Gnosticismo.
DIOSED PREHISPANICOS

Ometecuthli y Omecihuatl
En la cultura nahua se concebía a una divinidad suprema como la causa de todo lo existente. Ella era el origen del Universo, de los dioses, del mundo y de los seres
humanos.
A esa deidad se le consideraba simultáneamente como una dualidad masculina y femenina. De hecho era mas común que se refirieran a el como Ometecuhtli y
Omecihuatl, (señor y señora de la dualidad), sin embargo también se le llamaba unitariamente como Ometeotl “dios dual” o “dios doble”. En Histoyre du Mechique, se
asegura que en ese nivel del cielo existía “un dios llamado Ometecuhtli, que significa dos dioses, y uno de ellos era una diosa”. ( Teogonía e historia de los mexicanos: tres
opúsculos del siglo XVI).
Respecto a esos “dos dioses” en la “Historia de los mexicanos por sus pinturas” se afirma que los dos “se criaron y estuvieron siempre en el treceno cielo, de cuyo principio
no se supo jamás, sino de su estadía y creación, que fue en el treceno cielo”.
Para comprender lo que significa Ometeotl es necesario intentar describir que es el Omeyocan (“el lugar doble”).
El primero en referirse a el fue Sahagún cuando afirma que el Omeyocan es “el lugar de dualidad, sobre los nueve cielos escalonados”. (Códice Florentino, libro 6)
El concepto de Ometéotl como una sola deidad y a la vez dual esta dilucidado, como en muchos otros casos, en los himnos. En esos cantos sagrados de origen muy antiguo se
evoca a la suprema divinidad tratándola como si fueran una o dos personas indistintamente e indisolublemente unida al fuego como agente creador.
Esas oraciones sagradas fueron publicadas recientemente ya traducidas al español en la obra “Veinte himnos sacros de los nahuas” y pueden ser consultadas en Internet.
Ometeotl aparece en el canto número uno.
En ese entendido el supremo y primordial origen de toda esa trama creadora de donde surgió el universo era llamado “corazón del cielo”, “corazón de la tierra”, Ombligo del
mundo”, etc.
Ilhuicatl Omeyocan “el cielo donde (está) la dualidad” es el punto más alto del universo compuesto por trece niveles. El décimo tercer estrato celeste según la cosmogonia
Nahuatl es el nivel mas alto del universo y desde donde inició la creación la dualidad creadora. También llamado Semanahuactli (el contenedor) donde está el contenido de todo, se entiende que al principio de los tiempos
Al traducir ese nombre es necesario pasar del simple “dios-dos” a expresiones modernas como “lo –mas- sagrado que es dual” o “el principio creador-sagrado que es doble”,
que dicho sea de paso tiene una connotación sexual: solo con la participación de dos es posible crear. Es un hecho conocido la relación que ellos le daban al fuego con la
relación sexual. (ver Xiuhtecuhtli)
Torquemada al referirse a este dios escribió: “…podemos decir que estos indios quisieron entender en esto haber naturaleza divina repartida en dos dioses, conviene a saber
hombre y mujer…” (Monarquia Indiana, tomo II, página 37).
Lo podemos sintetizar así:: Omeyocan [el lugar de la dualidad] es el lugar de Ometeotl (el sagrado principio creador-doble), otorgándole una cierta noción triple.
Así, Ometeotl es un principio creador que unifica todo, que abarca el universo en su totalidad, lo que sugiere que antes de que se iniciara la creación, antes que surgiera él
mismo, el universo era solo un lugar que contenía al universo en potencia a la manera de una semilla en la que esta latente todo el árbol.
Esa es la sugerente imagen que se obtenía de los cantos, cuando se hablaba del omeyocan se le describía como la residencia de la pareja creadora y a la vez el lugar que
contiene todas las posibilidades del Universo, como si fuera su “semilla”.
Es en base a esto que podemos afirmar que Omeyocan pasó mas allá de ser un concepto abstracto de lo Absoluto a la la idea de ser “la semilla universal” de donde todo
surgió. Es interesante observar que esta base filosófica carece de figura humana.
Si tratamos de entender la forma como ellos concebían la creación a partir de sus nombres y definiciones, podemos inferir que la creación se inició cuando esa “semilla” única
se desdobló en dos, como si con eso iniciara el movimiento universal. Ellos explicaban el mundo en función de una cualidad intrínseca: su movimiento. Se referían al
omeyocan como “el ombligo del cielo”, el centro de donde todo inició cuando se empezó “a mover”. De la misma manera que asociaban a la vida con el movimiento.
Para entender mejor esta interpretación es necesario recurrir a las concepciones de la mitología Maya. En ella se habla de huracán (“el de una sola pierna” o “-el que gira
sobre sí mismo- impulsado por su única pierna”) que ademas de ser descrito como “el creador universal” contiene implícita la idea de remolino o tormenta.
De esta manera él -el creador universal- es expresado como el remolino que dio inicio a la creación. Sin embargo Huracán no es solo un palo, sino “la pierna” de un ser
individual que agita el espacio como un acto de voluntad, como explicación del origen del remolino que genera a la creación entera.
Ese huracán “el de una sola pierna” era la vez el “corazón del cielo”. Esa singular expresión de ser la deidad primigenia ubicada en el centro del cielo y responsable de haber
iniciado la creación universal, nos remite inevitablemente a movimientos de contracción y expansión y a la vez a movimientos concéntricos. Ese concepto de “tormenta
inicial” es la idea que contiene la palabra “huracán” y que desembocó en ser utilizada en los tiempos modernos para referirse a las tormentas tropicales, caracterizadas
precisamente por girar sobre sí mismas.


Es decir, Huracán es una manera de concebir a la Deidad Suprema que originó el escenario universal. Después aparecen las deidades creadoras del mundo y de los seres
que lo integran, coordinándose entre sí para realizar varios intentos por crear a la humanidad.
Diego López Cogolludo, en su Historia de Yucatán al hablar de los dioses de los mayas de Yucatán, anota:
”Creían los indios de Yucatán que había un dios único, vivo y verdadero, que decían ser el mayor de los dioses, que no tenía figura ni se podía representar por ser
incorpóreo. A éste llamaban Hunab Ku, decían, que de el procedían todas las cosas. como era incorpóreo no lo adoraban con imagen alguna, ni la tenían de
el…” (Historia de Yucatán, página 345)
Antes de la pareja creadora esta el Hunab Ku de los Mayas, el Ometeotl de los toltecas y el Tloque Nahuaque de los Mexicas.
Ese es el mismo sentido en que podemos interpretar el libro de los cantares de Dzitbalche que deja entrever que el Hunab-ku yucateco corresponde a Ometéotl de los
toltecas y sus sucesores.
En el Códice Ríos se dice que a Ometeotl no se le hacen ofrendas pues “no es demonio, ni tiempo ni hombre”. Otras fuentes lo refieren como “aquel que se creó a si mismo”,
apodándolo Yohualiehecatl “aire nocturno” esto significa: aquello que es invisible e impalpable cuyos efectos solo existen cuando se mueve. Es decir el espíritu universal.
Estamos hablando de deidades creadoras no antropomorfas, de causas espirituales mucho antes de que surgiera la humanidad misma.
Así, en un intento por sintetizar los fragmentos conservados sobre el tema podemos contemplar al Omeyocan como el lugar que contiene en potencia las cualidades con las
que el creador hace posible el universo. Que todo surgió de un Gran Remolino propiciado por la voluntad del Creador que lo hizo desdoblarse a si mismo en la pareja
primordial, como primer impulso y en el que -por esa misma razón- todo es dual: luz y oscuridad, blanco y negro, bueno y malo, etc.
En ese orden de ideas la creación del universo en la concepción prehispánica es un acto hecho a base de desdoblamientos o períodos que incluyen “eras” de miles de años,
ciclos de “siglos”, ciclos de “años” y hasta el día mismo conserva las cualidades del Universo al tener como mitad la noche. En un proceso que al nivel de la vida humana
muestra que todo sucede en ciclos repetitivos, donde todo gira y se repite.
Al surgir el ser humano y adquirir conciencia del tiempo se enfrenta a círculos concéntricos donde todo es cíclico y se sirve del calendario para entenderlo.
Independientemente de donde estés y en que época te encuentres todo gira alrededor del centro.
En el Rollo Selden al referirse al origen último de todos los seres y cosas se dice:
“Porque allá en el piso duodécimo está, allá vive el verdadero dios. Y comparte [su aspecto], [también llamado] Ilhuicateotl tiene por nombre Ometecuhtli; y su
comparte [femenina] se llama Omecihuatl, Ilhuicacihuatl. Quiere decir que sobre los doce [niveles, ellos] gobiernan los cielos, mandan. Se dice que [de] allá somos …
creados los hombres, que de allá viene nuestro tonalli cuando se coloca [en el vientre de la madre] , cuando cae en gota el niñito. De allá viene su tonalli, penetra en su
interior; lo envía [originalmente] Ometecuhtli…”
Es importante observar que anteponiéndose a los nombres de Ometecuhtli esta la palabra ilhuicateotl (“dios del cielo”) y en el caso de Omecihuatl el de ilhuicacihualt
(“señora del cielo”) ya que eso nos da una idea mas completa de a lo que se estaban refiriendo los sacerdotes. Sabemos que la palabra “teotl” no es solo la traducción de “dios”
en el sentido antropomorfo, sino que al ser parte de cualquier expresión o nombre le da connotación de “sagrado”.
En ese sentido la expresión “ilhuicateotl” puede traducirse como “cielo sagrado”, además ya que se está refiriendo al nivel mas alto posible de la creación, su significado
trasciende a la simple expresión “dios del cielo” para ser “lo mas sagrado del cielo”. Así mismo “ilhuicacihual” no solo puede ser “mujer del cielo” simplemente, sino “lo
femenino del cielo”, que al estar asociada a “lo mas sagrado del cielo” incluye la noción de quien crea por medio de la esencia de lo femenino: la gestación.
En ese orden de ideas Ometecuhtli fecunda en un acto de voluntad soberana y Omecihuatl da forma en el sentido de gestar.
Esta concepción es la forma mas asequible de explicar a Ometeotl, como el principio dual que es el origen de todo, a pesar de ser conceptos abstractos y con pocas
referencias.
Esta concepción si bien esta basada en inferencias toma en cuenta dos de los rasgos mas conocidos de la religión prehispánica: su dualidad y su dinamismo.
Todo lo refleja: el día y la noche, la vida y la muerte, el sol y la luna, hombre y mujer, pero significativamente esa dualidad es posible porque todo se mueve, un aspecto deja
lugar al otro por el movimiento mismo en una sucesión interminable. El mundo es así.
Aun mas podemos concebir que antes de que la voluntad divina “fecundara” el seno del Espacio, el Universo mismo estaba en reposo, “en noche”, de manera que cuando
Ometecuhtli-Omecihuatl iniciaron la creación solo era porque al romperse el reposo se iniciaba un nuevo “día”.
El término náhuatl utilizado para referirse al origen del universo es momanca que significa “se extendió”, o “se expandió” y cuando se refieren al universo utilizan la palabra
iilamamanca “su extensión”, es decir para ellos el universo no apareció así como es sino que se expandió a partir de un principio (su semilla). Lo cual no deja se ser una
asombrosa coincidencia con las mas modernas teorías sobre el origen del universo que hablan de una gran explosión inicial que hizo que el universo iniciara una expansión
que aun no termina.
A ese dios único y potencia universal que lo contiene todo se le llamaba: in Tloque in nahuaque “el que esta cerca y alrededor de -todas- las cosas” sugiriendo su
omnipresencia. También era llamado Totecuio in ilhuicahua in tlalticpaque in mictlane, cuya traducción es “Nuestro Señor: dueño del cielo, de la tierra y de la
región de los muertos..”. Lo cual viene a aclarar que estamos ante la Deidad mas alta posible por su omnipresencia y su poder.
En la mitología de los Maya-Quiches la pareja creadora es Tepeuh y Gucumatz, los cuales juntos son “el corazón del cielo”. Deidad que es equiparable al creador nahua
que también era una pareja.
Por eso esa suprema deidad incognoscible y preexistente es llamada Hunab Ku “dios único” o “dador de medida y movimiento”. Una concepción que propició expresiones
en náhuatl como: Ayac oquipic “nadie le dio Ser o forma”, Ayac oquiyocux “nadie lo hizo o invento a él” y también Moyocoyani “el que se inventa a si mismo”. Estas
concepciones abstractas son expresiones idiomáticas que corresponden a el estado anterior a que surgiera la pareja creadora por excelencia Ometecuhtli y Omecihuatl.
Ometecuhtli y Omecihual están mas cercanos a la pareja creadora de los Mayas, cualquiera sea el nombre que se les dio con el paso del tiempo, así como Ehecatl
(“espíritu -divino-“) lo esta con Itzamná (“roció del cielo”), ambos como “primer hijo” de la pareja primordial, es decir ambos entendidos como la primera manifestación de
la creación universal cuando esta llega a la etapa de el surgimiento del ser humano.
Es evidente que la presencia de la pareja creadora corresponde a una etapa donde ya existe el tiempo. Algo similar pasa con la deidad maya Kawil que al ser asociada con
Itzamna lo es también con el fuego que hace posible la creación y que da poder al que lo porta. Esa es la razón por la que en la mitología nahuatl el dios del fuego lo era
también del tiempo.
Esto nos remite irremediablemente a la concepción de dios como de “triple” aspecto pero no en el sentido cristiano sino en el de su secuencia. Lo cual se ha visto reforzada
con los avances de los jeroglíficos mayas que hablan de la “triada” de dioses en Palenque y Quiriguá siempre asociados al inicio de los tiempos. Es interesante observar que en
Teotihuacan se encuentran vestigios con tres templos asociados entre sí, así como son famosos la presencia de tres templos en Palenque con una plaza común en medio de
ellos.
Esto también esta relacionado con los tres dioses mencionados al principio del Popol Vuh, en el que la pareja creadora asume una triple presencia justo al iniciarse la creación:
“…vinieron juntos Tepeu y Gucumatz, en la oscuridad, en la noche, y hablaron entre sí Tepeu y Gucumatz….hablaron consultando entre sí y meditando….se pusieron de
acuerdo, juntaron sus palabras y su pensamiento…entonces se manifestó con claridad, mientras meditaban, que cuando amaneciera, debía de aparecer el hombre… …se
dispuso así en las tinieblas y en la noche por el corazón del cielo, que se llama Huracán…. …el primero se llama Cuculha Huracán. El segundo es Chipi Cuculha. El
tercero es Raxa Cuculha. Y estos tres son el corazón del cielo….”. (Popol Vuh, página 23 y 24).
Después que la pareja se hace tres empieza la creación de los cielos, el mundo y las criaturas que lo habitan, para culminar con la creación del ser humano. Así lo registra el
Popol Vuh.
Mientras en las concepciones prehispánicas de origen Tolteca el inicio del tiempo, un poco mas escueta, es una consecuencia del accionar del fuego. Sin embargo ambas
teogonias afirmaban que toda la creación contiene fuego en su interior.
En la teogonía zapoteca se ha podido identificar que el universo era concebido como formado por trece dioses principales los cuales en realidad eran una misma Gran Deidad
cuyo cuerpo era el universo mismo. Este concepto contiene la idea que todos los dioses, así como los seres humanos y todos los seres vivos en general somos partes que lo
integramos a manera de diminutas partículas que sumadas somos el.
Entre los Zapotecos Coqui Tela era el principio creador inicial, con el nombre calendárico de Coqui Xee “Trece movimiento”. Esta deidad era la personificación de la
energía en movimiento, la que transforma y así da forma. Es el que creó a la pareja de dioses engendradores llamados Cosana “señor de la noche” y Xonaxi “nuestra
Madre”, además de ser el primero en jerarquía de las trece deidades de la cosmogonia zapoteca, similar al Ometeotl Nahua.
El Popol Vuh los llama Alom y Qaholom, dios madre y dios padre, también llamados Bitol y Quaholom (“la que concibe, el que engendra”) aunque en otra parte los llama
Tzacol y Bítol, (“el Creador y el Formador”) y en otro contexto se les menciona como Iyom Mamon (“el padre, la madre con nietos), lo cual es una elocuente manera de
distinguir entre el que genera y el que da forma: el padre que fecunda y la madre que gesta, donde “los nietos” son los seres humanos ya que los hijos directos son los dioses,
que a su vez crearon a la humanidad.
Entre los Mixtecos se reverenciaba a una “pareja primordial” llamados por sus nombres calendáricos 1-venado (mismo nombre para ambos) los cuales engendraron a los
demás dioses.
Ese concepto es semejante al de los antiguos Huastecos del Tajín, expresada en la forma de una singular representación de un ser humano con doble cuerpo, una sola cabeza
desproporcionadamente grande y una boca en actitud de “soplar” aire. La cual por su ubicación siempre en la sección mas elevada de las escenas y su posición corporal se ha
identificado como una posible representación de Ometeotl: de expresión dual pero de inconfundible unidad.
Estos conceptos con diverso nivel de abstracción se sabe no eran de uso común, sino mas bien reservados a los sacerdotes.
Al unir las concepciones Nahuas con las Mayas, método que se ha generalizado entre los investigadores de la cultura prehispánica, ya que se les sabe complementarias,
podemos entender a Ometeotl con la identidad de Huracán, una especie de “remolino primordial” cuyo viento tormentoso posee un fuego de poder indescriptible de tal
magnitud que originó el Universo. Sin embargo esos conceptos implican que en algún momento el remolino se detendrá y todo entrara en calma, como al principio de los
tiempos. Nada les impidió pensar el universo ANTES del huracán.
Así, su concepción del universo contiene una parte que lo mantiene y otra parte que lo destruye: conservación y manutención son parte del dinamismo dual en que concebían
todo lo creado. Solo el movimiento hace posible que el universo siga existiendo, por la misma razón cuando el universo “se para”, cuando llega la calma, cuando deja de
moverse todo se reducirá a su estado original.
De igual forma cuando el Universo deje de girar, cuando el huracán se detenga todo se reduce a su semilla, en un punto o “lugar” donde solo reina la calma, pero que seguirá
teniendo todo en potencia. Por alguna razón desconocida a ese estado-lugar les dio por llamarle el “lugar-dual” o de “los dos dioses” ya que hasta que se unen se manifiestan
como tal y dan su primer fruto.
27
Ometeotl

Sin embargo no debemos de perder de vista que esa manera de explicar la constitución del universo en la época prehispánica, (que comparte rasgos comunes entre Nahuas,
Mayas, Zapotecos, etc.), era para explicar el origen y el devenir del Ser Humano:
En el primer nivel esta algo que carece de manifestación, que no tiene forma pero si voluntad soberana.
En el segundo nivel está la pareja creadora quien creó al universo, a los dioses que lo gobiernan y al escenario donde se ha de desenvolver la vida. Todo inicia a partir del
fuego como agente creador, que hace surgir a los dioses en todos los niveles del universo. Como si el fuego fuera el primer hijo de la pareja creadora. Pero los dioses no
quieren estar solos: el primer fuego materializado son los astros. El sol, la luna y las estrellas, al moverse, dan inicio al tiempo cíclico y al escenario para la vida, que tiene su
punto culminante cuando los dioses creadores hacen surgir los seres humanos.
La manera de usar los nombres en forma indistinta y sus atributos asociados permiten interpretar que las deidades llamadas Tonacatecuhtli-Tonacacihuatl, así como
Citlaltonac-Citlalicue son las primeras expresiones de la pareja Primordial Ometecuhtli-Omecihuatl, de acuerdo al nivel de que se este haciendo referencia en esa
trama de alcances universales. Una de sus versiones fue representada en la sugerente imagen de una pareja que esta “tejiendo el mundo con los veinte días del calendario” en
la página 26 del códice Fejérváry-Mayer.
Es importante observar que a partir de esas dos parejas creadoras (como un tercer paso o secuencia de la creación), surgen los cuatro dioses principales, los cuales conservan
atributos creadores también. Esas dos parejas son en realidad la misma con diferentes nombres y es a partir de ella (del fuego que engendran) que se originan esos siguientes
cuatro dioses, así es como lo que va surgiendo se organiza. El uno se desdobla en dos. Los dos engendran al fuego. El fuego se expresa en los cuatro dioses creadores. Es
importante observar que en el Popol Vuh se usa en forma preferente y constante expresión “El creador y el formador” para referirse a los actos que hicieron surgir el mundo,
los seres vivos y los seres humanos, confirmando que una es la Deidad que crea y otra las que forman u organizan la creación.
Ellos -llamados en la época Mexica “los cuatro Tezcatlipocas”- son los creadores de toda la pléyade de deidades, los seres vivos y por último la humanidad.
We Have a Great Team
Mucho se ha investigado sobre el origen del hombre, y en realidad de verdad, sólo hipótesis es lo que han elaborado los antropólogos materialistas de esta edad decadente y tenebrosa.
Si les preguntásemos nosotros a los señores de la antropología materialista, cuál fue la fecha y el modo exacto como surgió el primer hombre, no sabrían, ciertamente, darnos una respuesta exacta.
Desde las épocas aquellas de Mr. Darwin hasta Haeckel, y posteriormente desde Haeckel hasta nuestros días, han surgido innumerables hipótesis y teorías sobre el origen del hombre. Empero hemos de aclarar, en forma enfática, que ninguna de tales suposiciones puede ser ciertamente demostrada.
El mismo Haeckel asegura, con gran énfasis, que “ni la Geología, ni tampoco esa otra ciencia llamada Filogenia, tendrán jamás exactitud dentro del terreno de la mismísima Ciencia Oficial”.
Si aseveración de esta clase hace un Haeckel, ¿qué podríamos nosotros añadir a esta cuestión? En realidad, esto del origen de la vida y del origen del hombre, no podría ser ciertamente conocido, en tanto la humanidad no haya estudiado a fondo la ANTROPOLOGÍA GNÓSTICA.

V.M. SAMAEL AUN WEOR
Sin una previa información sobre "Antropología Gnóstica", sería algo más que imposible el estudio riguroso de las diversas piezas antropológicas de las culturas Azteca, Tolteca, Maya, Egipcia, etc., etc., etc. En cuestiones de "Antropología Profana" - dispénseseme la similitud -, si se quiere conocer resultados, déjese en plena libertad a un mono, simio, mico o chango dentro de un laboratorio y obsérvese luego lo que sucede.

V.M. LITELANTES
Los códices mexicanos, papiros egipcios, ladrillos asirios, rollos del Mar Muerto, extraños pergaminos, así como ciertos Templos antiquísimos, sagrados monolitos, viejos jeroglíficos, pirámides, sepulcros milenarios, etc., ofrecen en su profundidad simbólica un sentido gnóstico que definitivamente escapa a la interpretación literal y que nunca ha tenido un valor explicativo de índole exclusivamente intelectual.

LA GNOSIS
El racionalismo especulativo, en vez de enriquecer el lenguaje gnóstico, lo empobrece lamentablemente, ya que los relatos gnósticos, escritos o alegorizados en cualquier forma artística, se orientan siempre hacia el Ser. Y es en este interesantísimo lenguaje "semi-filosófico" y "semi-mitológico", de la Gnosis, en el que se presentan una serie de invariantes extraordinarias, símbolos con fondo esotérico trascendental que en silencio dicen mucho. Bien saben los Divinos y los humanos que el silencio es la elocuencia de la Sabiduría. Extracto del capítulo 10, Antropología Gnóstica, del libro "La Doctrina Secreta de Anahuac", por Samael Aun Weor

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