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Nosotros, los gnósticos antropólogos, tenemos sistemas diferentes para la investigación, tenemos disciplinas especiales que nos permiten poner en actividad ciertas facultades latentes en el cerebro humano, ciertos sentidos de percepción completamente desconocidos para la antropología materialista.




PRIMERA CATEDRA
Mucho se ha investigado sobre el origen del hombre y en realidad de verdad, sólo hipótesis es lo que han elaborado los antropólogos materialistas de esta edad decadente y tenebrosa. Si les preguntásemos nosotros a los señores de la antropología materialista, cuál fue la fecha y el modo exacto como surgió el primer hombre, no sabrían ciertamente darnos una respuesta exacta.
Desde las épocas aquellas de Mr. Darwin, hasta Haeckel y posteriormente desde Haeckel hasta nuestros días, han surgido innumerables hipótesis y teorías sobre el origen del hombre; empero hemos de aclarar en forma enfática que ninguna de tales suposiciones puede ser ciertamente demostrada. El mismo Haeckel asegura con gran énfasis, que ni la geología y tampoco esa otra ciencia llamada “filogenia”, tendrán jamás exactitud dentro del terreno de la mismísima ciencia oficial. Si aseveración de esta clase hace un Haeckel, ¿qué podríamos nosotros añadir a esta cuestión? En realidad esto del origen de la vida y del origen del hombre, no podría ser ciertamente conocido en tanto la humanidad no haya estudiado a fondo la Antropología Gnóstica.

¿Qué nos dicen los protistas materialistas? ¿Qué afirman ellos con tanta arrogancia? ¿Qué es lo que suponen sobre el origen de la vida y de la psiquis humana? Recordemos con entera claridad meridiana al famoso “monerón atómico” de Haeckel entre el abismo acuoso; complejo átomo que no podría en modo alguno surgir de un azar, como lo supone ese buen señor, ignorante en el fondo. Aunque alabado por muchos, muchísimos ingleses, hizo gran daño a la humanidad con sus famosas teorías. Sólo diríamos parodiando a Job: “¡Que su recuerdo se borre de la humanidad y que su nombre no figure en las calles!”
¿Creen ustedes acaso que el átomo del abismo acuoso, el monerón atómico, podría surgir desde el azar? Si para construir una bomba atómica se necesita de la inteligencia de los científicos, ¡cuánto mayor talento se requeriría para la elaboración de un átomo!
Si negáramos los principios inteligentes a la Naturaleza, la mecánica dejaría de existir, porque no es posible la existencia de la mecánica sin mecánicos. Si alguien considerase posible la existencia de cualquier máquina sin autor, me gustaría que lo demostrara, que pusiese los elementos químicos sobre el tapete del laboratorio para que surgiera un radio, o un automóvil, o simplemente una célula orgánica. Creo que ya don Alfonso Herrera, el autor de “la Plasmogenia”, logró fabricar la célula artificial, mas ésta siempre fue una célula muerta, porque jamás tuvo vida.
¿Qué dicen los protistas? Que la Conciencia, el Ser, Alma o Espíritu, o simplemente los principios psíquicos, no son más que evoluciones moleculares del protoplasma a través de los siglos. Obviamente las almas moleculares de los fanáticos protistas, no resistirían jamás un análisis de fondo. La célula-alma, el “bathybius gelatinoso” del famoso Haeckel, del cuál surgiera toda especie orgánica, está buena como para un Moliere y sus caricaturas. En el fondo de toda esta cuestión y tras de tanta teoría mecanicista y evolucista, lo que se tiene es el afán de combatir al clero. Se busca siempre algún sistema, alguna teoría que satisfaga a la mente y al corazón, para demoler al Génesis Hebraico. Es precisamente la reacción contra el bíblico Adán y su famosa Eva sacada de una costilla, el origen viviente de los Darwin, de los Haeckel y demás secuaces. Pero deberían ser sinceros, pues manifestar su insatisfacción contra todo concepto clerical, no está bien que por reacción simple, se dé origen a tantas hipótesis desprovistas de cualquier basamento serio.

¿Qué nos dice Mr. Darwin sobre la cuestión esa del mono catirrino? Que posiblemente el hombre devino de allí; sin embargo no lo asiente en forma tan enfática como lo suponen los materialistas alemanes e ingleses. Mr. Darwin, en realidad de verdad, dentro de su sistema, puso ciertos fundamentos que vienen a desvirtuar y hasta aniquilar absolutamente la supuesta procedencia humana del mono, aunque éste sea el catarrino o catirrino.
En primer lugar, como ya lo demostrara Huxley, el esqueleto del hombre es completamente distinto en su conjunción, al esqueleto del mono. No dudo que haya ciertas semejanzas entre el antropoide y el pobre animal intelectual equivocadamente llamado hombre, mas no exactitud definitiva o definitizante en esta cuestión. El esqueleto del antropoide es trepacista, está hecho para trepar, así lo indica la elasticidad y construcción de su sistema óseo; en cambio, el esqueleto humano está hecho para caminar; son dos construcciones óseas diferentes.
Por otra parte, la elasticidad y también el eje –dijéramos– el eje craneal del antropoide y también del ser humano, son completamente diferentes y esto nos deja pensando muy seriamente. Por otra parte, mis estimables hermanos, bien se ha dicho con entera claridad meridiana por los mismísimos antropólogos materialistas, que un ser organizado en modo alguno podría venir de otro que marchase a la inversa, ordenado antitéticamente. En esto habría de poner cierto ejemplo: veamos al hombre y al antropoide. El hombre, aunque en estos tiempos esté degenerado, es un ser organizado. Estudiemos la vida y costumbres del antropoide y vemos que está ordenado en una forma diferente, contraria, antitética. No podría un ser organizado, pues, devenir de otro ordenado en forma opuesta y esto lo afirman siempre muy severamente, las mismísimas escuelas materialistas.

¿Cuál sería la edad del antropoide? ¿En qué época aparecerían sobre la faz de la Tierra los primeros simios? Incuestionablemente en el Mioceno, ¿quién podría negarlo? Tuvo que haber aparecido obviamente, en la tercera parte del Mioceno, hace unos 15 a 25 millones de años. ¿Por qué hubieron de aparecer sobre la faz de la Tierra los antropoides? ¿Podrían dar acaso alguna respuesta exacta, los señores de la antropología materialista, los brillantes científicos modernos, esos que tanto presumen de sabios? ¡Es obvio que no!
Además, el Mioceno en modo alguno estuvo ubicado dentro de la famosa Pangea, tan sonada por la geología de tipo materialista. Resulta ostensible que el Mioceno tuvo su propio escenario en la antigua tierra lemúrica, continente ubicado antes en el océano Pacífico. Restos de la Lemuria: tenemos todavía a la Oceanía con la gran Australia, la Isla de Pascua, donde están tallados ciertos monolitos, etc. ¿Que no lo acepte la antropología materialista por estar embotellada completamente en su Pangea? ¡Qué importa a la ciencia y qué a nosotros! En realidad que no van a descubrir la Lemuria con las pruebas del Carbono-14, o del Potasio-Argón o del Poleo; todos esos sistemas de prueba de tipo materialista, están buenas como para un Moliére y sus caricaturas.

Por estos tiempos, después de las infinitas hipótesis de los Haeckel y de los Darwin y de los Huxley y todos sus secuaces, se sigue todavía entronizando a la “Teoría de la selección natural de las especies”, otorgándosele nada menos que el poder de crear nuevas especies. En nombre de la verdad hemos de decir, que la selección natural como poder creador, es sencillamente un juego de retórica para los ignorantes, algo que no tiene basamentos. Eso de que mediante la selección se logre crear nuevas especies, eso de que mediante la selección selectiva haya surgido el hombre, resulta en el fondo espantosamente ridículo y acusa ignorancia llevada al extremo.
No niego la selección natural, es obvio que ésta existe, mas no tiene el poder de crear nuevas especies. En realidad de verdad, que lo que existe es la selección fisiológica, la selección de estructuras y la segregación de los más aptos, eso es todo. Llevar a la selección natural hasta el grado de convertirla en un poder creador universal, ¡eso es el colmo de los colmos! A ningún sabio verdadero se le ocurriría semejante tontería. Nunca se ha visto que mediante la selección natural surja alguna especie nueva. ¿Cuándo? ¿En qué época?
Se seleccionan estructuras, sí, no lo negamos; los más fuertes triunfan en eso de la lucha por el pan de cada día. En la batalla incesante de cada instante en que se brega por comer y no ser comido, obviamente triunfa el más fuerte, que transmite sus características a sus descendientes, características fisiológicas, características de estructuras; entonces los selectos, los más aptos se segregan y transmiten ellos a sus descendientes tales aptitudes. Así es como se debe entender la ley de la selección natural, así es como se debe comprender.

Una especie cualquiera, entre las selvas profundas de la Naturaleza, tiene que luchar por tragar y no ser tragado. Obviamente resulta espantosa tal brega; como resultado triunfan como es natural los más fuertes. En el más fuerte hay estructuras maravillosas, características importantes que son transmitidas a su descendencia. Mas eso no implica cambio de figura, eso no significa nacimiento de nuevas especies. Jamás ningún científico materialista ha visto que de una especie surja otra por ley de selección natural, no les consta, no lo han palpado nunca. ¿En qué se basan? Es fácil lanzar una hipótesis y luego aseverar en forma dogmática que “es la verdad y nada más que la verdad”; sin embargo, ¿no son ellos acaso, los señores de la antropología materialista, los que dicen que no creen sino en lo que ven, que no aceptan nada que no hayan visto? ¡Qué contradicción tan terrible! Creen en sus hipótesis y nunca las han visto.

Afirman que el ser humano viene del ratón; eso no les consta, nunca lo han percibido directamente. También enfatizan la idea de que venga del mandril. Son innumerables las teorías de estos tontos científicos, absurdas afirmaciones de hechos que ellos jamás han visto. Nosotros los gnósticos no aceptamos supersticiones y ésas son supersticiones absurdas, nosotros somos matemáticos en la investigación y exigentes en la expresión. No nos gustan tales fantasías, queremos tactos, hechos concretos y definitivos.
Así que investigando dentro de esta cuestión relacionada con nuestros posibles antecesores, podemos evidenciar claramente el estado caótico en que se encuentra la ciencia materialista, el desorden total de sus mentes degeneradas y la falta de capacidad para la investigación; esa es la cruda realidad de los hechos.
Esta cuestión, este asunto de que de ciertas formas homínidas surjan otras, así porque sí, fundamentados únicamente en pruebas tan ridículas como las del Carbono-14 o del Potasio-Argón o del Poleo, constituyen en realidad la vergüenza de esta época del Siglo XX. Nosotros, los gnósticos antropólogos, tenemos sistemas diferentes para la investigación, tenemos disciplinas especiales que nos permiten poner en actividad ciertas facultades latentes en el cerebro humano, ciertos sentidos de percepción completamente desconocidos para la antropología materialista.

Que la Naturaleza tenga memoria, es lógico y un día se podrá demostrar. Ya comienzan a hacerse ensayos científicos, modernos. Pronto las ondas luminosas del pasado, o las ondas sonoras –para hablar más claro– del pasado, podrán descomponerse en imágenes y serán perceptibles a través de ciertas pantallas; ya hay intentos científicos en ese asunto, entonces podrán ver los televidentes del mundo entero el origen del hombre y la historia de la Tierra y de sus razas. Cuando llegue ese día, que no está tarde, el Anticristo de la falsa ciencia quedará desnudo ante el veredicto solemne de la conciencia pública; esa es la cruda realidad de los hechos.
La cuestión esta de la selección natural, del clima, ambiente, etc., etc., fascina realmente a muchas gentes y por ende, éstas se olvidan sobre los tipos originales de los cuales surgieran las especies. Creen los tontos científicos que podría procesarse la selección natural en forma absolutamente mecanicista, sin principios directrices inteligentes y eso sería tan absurdo como pensar que podría procesarse cualquier máquina, en el mundo, sin un principio inteligente, sin una mente arquitecto, o sin un ingeniero que le hubiese dado forma.
Indubitablemente esos principios inteligentes de la Naturaleza, sólo podrían ser rechazados por los necios, por aquellos que pretenden que cualquier máquina orgánica sea capaz de surgir del acaso; nunca jamás serían rechazados por los hombres verdaderamente sabios, en el sentido más completo de la palabra.
A medida que ahondamos en todo esto, vamos viendo todas las fallas de la antropología materialista. Es necesario reflexionar profundamente en todas estas cosas. Si ellos en vez de asumir esa posición de ataque contra cualquier clerigalía, hubiesen pasado por un previo análisis reflexivo, nunca jamás se hubieran atrevido a lanzar sus hipótesis anticientíficas.

Bien sabemos nosotros que el Adán y Eva que tanto molesta a los señores de la antropología materialista, no es más que un símbolo. Aquellos, los señores antropólogos profanos que quieran refutar el Génesis, es bueno que entiendan, que entendamos todos, que el Génesis es tan sólo un tratado de alquimia para alquimistas y que nunca jamás se debería aceptar en forma literal. Así que se esfuerzan los señores de la antropología materialista por refutar algo que ni siquiera conocen, por eso me atrevo a decir sencillamente, que sus hipótesis no tienen nunca bases serias.
El mismo Mr. Darwin jamás pensó ir tan lejos con sus doctrinas. Recordemos que él mismo habla de las caracterizaciones. Después de que alguna especie orgánica ha pasado por un proceso selectivo de estructuras y fisiología, incuestionablemente se caracteriza en forma constante y definitiva. Así que si el famoso antropoide o simio, hubo de pasar por procesos selectivos, posteriormente asumió sus características totales y jamás volvió a pasar por ningún cambio; eso es obvio.
La cuestión aquella del neopitecoide, con sus famosos tres hijos: cinocéfalo con cola, el mono sin cola y el hombre arbóreo paleolítico, nunca han tenido en verdad, verificaciones precisas, exactas; son tan sólo teorías sin basamento alguno, por cierto espantosamente ridículas.

Quienes se afanan tanto por los mamíferos prosimianos, cuales son el famoso lemúrido, se ve que ni remotamente sospechan lo que es el hombre en sí mismo y su origen. El famoso lemúrido, al cuál se considera también como uno de nuestros antepasados, tan alabado por algunos científicos por su famosa placenta discoidal, eso no tiene que ver con el génesis humano; todo eso en el fondo no son sino fantasías desprovistas de toda realidad.
Entran los famosos científicos materialistas en acción para estudiar la evolución mecánica de la especie humana o de cualquiera de las otras especies. En mitad del camino, después de que éstas cristalizaron en forma sensible, pues antes habían pasado por terribles procesos evolutivos e involutivos dentro del espacio psicológico, en lo hipersensible, en las dimensiones superiores de la Naturaleza y del Cosmos. Claro que al hablar nosotros así, se sienten los antropólogos materialistas tan nerviosos y molestos, como los chinos cuando escuchan algún concierto occidental. Ríen, posiblemente ríen, sin saber ellos que “el que ríe de lo que desconoce está en el camino de ser idiota”.

Se buscan semejanzas, sí: se hace creer que la forma de la cabeza y de la boca del tiburón, da origen a otros mamíferos y entre ellos el “hermano ratón”; ahora el ratón pasó a ser un gran señor, pues es nada menos que nuestro antepasado, el antecesor de los Haeckel y de los Darwin –posiblemente– o de los Huxley o de los famosos faraones del viejo Egipto, o de Einstein, ¡qué se yo! Se le considera como un mamífero prosimiano; ha pasado al fin en realidad de verdad, a ocupar el primer puesto en las salas de conferencias. ¡Hasta dónde ha llegado en verdad la ignorancia del ser humano! No niego que el ratón no hubiese existido en la Atlántida, por cierto que tenía el tamaño de cualquier cerdo; ya sobre eso habla claramente don Mario Roso de Luna, el insigne escritor español. Si existió en la Atlántida, tampoco lo niego viva en la Lemuria. Pero que sea, si no el más importante, uno de los más importantes antecesores del hombre, resulta totalmente diferente.

En verdad, que cuando no se conoce la Antropología Gnóstica, se cae en los absurdos más espantosos. Entonces se inclinan los secuaces del Anticristo ante el ratón o ante el tiburón, a quien también se le considera viejo antecesor, o ante el lemúrido, animalillo muy interesante, etc. Pero cuando uno ya conoce a fondo la Antropología Gnóstica no cae en semejantes ridículos. Al analizar cuidadosamente los principios de la antropología materialista, descubrimos que sus fantasías se deben precisamente al desconocimiento total del Gnosticismo Universal. Eso de que porque un rasgo del rostro, etc., se parezca a otro, sirva de base para asentar una posible descendencia, resulta tan empírico en el fondo como aquellos que suponen que el hombre fue hecho de barro, que lo toman en el sentido literal de la frase (entre paréntesis, sin darse cuenta de que eso no es más que algo simbólico).

Los gérmenes originales de la gran Naturaleza, hombres o bestias, se desarrollan siempre en el espacio psicológico, dentro de las dimensiones superiores, antes de cristalizar en forma física, pues no hay duda de que son similares en sus construcciones. De manera que no podrían jamás servir de basamento o de fundamento para asentar una teoría o simplemente para lanzar un concepto básico. Se diferencian los gérmenes a medida que cristalizan y lentamente, eso es apenas normal. El origen del hombre es algo más profundo; se desenvolvió de entre el Caos, en las dimensiones superiores de la Naturaleza hasta cristalizar en forma sensible en los antiguos tiempos.

Incuestionablemente, en futuros capítulos iremos avanzando más y más en toda esta cuestión. Quiero decirles con entera sinceridad, que el origen de la humanidad quedará al descubierto en estas conferencias. ¿Qué causas primarias y secundarias dieron origen a la humana especie? ¿Conocen acaso ésto los antropólogos materialistas? Si los mismos científicos, secuaces de Haeckel, saben muy bien que todo el pasado geológico y la filogenia materialista, jamás llegarán a ser ciencia exacta; así lo han afirmado, así lo han dicho, entonces, ¿qué?
Estamos en una época de grandes inquietudes y el misterio del origen del hombre debe ser aclarado. El terreno de las hipótesis es deleznable, es como un paredón sin cimientos; basta darle un ligero empujón para convertirle en menudo sedimento. Lo más grave de la antropología materialista es negar los principios inteligentes de la maquinaria universal. Obviamente, tal actitud deja a la maquinaria sin bases, sin fundamentos; no es posible que la máquina ande o sea construida al azar. Los principios inteligentes de la Naturaleza están activos y en todo proceso selectivo se manifiestan ellos sabiamente.

Absurdo resulta también embotellarnos en el dogma de la mecánica evolutiva. Si en la Naturaleza existen los principios constructivos, incuestionablemente existen también los destructivos; si hay evolución en las especies vivientes, existe también la involución. Hay evolución, por ejemplo, en el germen que muere para que el tallo nazca, en la planta que crece, que echa hojas y que al fin da frutos. Hay involución en la planta que se marchita y que fenece y que por último se convierte en un montón de leños. Hay evolución en la criatura que se gesta dentro del vientre materno, en el niño que juega, en el joven. Hay involución en el anciano que decrece y al fin muere. Evolucionan los mundos cuando surgen del Caos a la vida, después involucionan cuando al fin se convierten en nuevas lunas.
Así es que si consideramos la antropología exclusivamente a través de la mecánica evolutiva, estamos hablando en forma parcial y caemos en el error. Mas si estudiamos la antropología también a la luz de la involución, entonces marchamos equilibradamente, porque evolución e involución constituyen el eje mecánico de toda la Naturaleza. Así que considerar que la evolución es la única base de todo este gran mecanismo natural, resulta absurdo en forma total. Tenemos que considerar la vida y la muerte, los tiempos de desarrollo y los tiempos de caducidad, solo así marcharemos correctamente dentro de la dialéctica gnóstica, en su forma integral. En modo alguno estamos dispuestos nosotros a quedar embotellados en el dogma materialista evolutivo. Tenemos que estudiar también los procesos involutivos de la antropología o marchamos por el camino del error.

¿Cuáles son los tipos originales de esta raza humana? ¿Quién los conoce? Nosotros tenemos métodos, sistemas científicos, por medio de los cuales podemos ver, oír, tocar y palpar, esos tipos originales. Sabemos muy bien, que antes de que el animal intelectual apareciera sobre la faz de la Tierra, en la Atlántida de Platón –que no es una simple fantasía como pretenden los fanáticos ignorantes de la famosa Pangea materialista–, apareció en realidad de verdad, el animal intelectual. En la Lemuria existió el Hombre, lo mismo que en la época Hiperbórea y Polar; mas estos son puntos que solamente iremos desarrollando en futuras conferencias, para mayor claridad de todos aquellos que escuchen y lean.
La Atlántida realmente existió, fue un continente ubicado en el océano Atlántico. Restos de la Atlántida: tenemos nosotros el Archipiélago de las Antillas, etc., las Canarias también son vestigios de lo que fue la Atlántida y aun la misma España, no es más que un pedazo de la antigua Atlántida. Pero esto no lo conocen los fanáticos de la antropología materialista, ni los geólogos –tan atrasados en el fondo–, incapaces para proyectarse en el tiempo. ¿Cómo podrían ellos saber algo sobre lo que ocurriera hace tantos millones de años, en la era Miocena? ¿Qué saben ellos del Mioceno, lo han visto, lo han tocado, lo han palpado? Si nosotros hablamos del Mioceno es porque podemos verlo y sabemos que es asequible a aquel que sea capaz de desarrollar las facultades trascendentales del Ser, latentes en el cerebro humano. Pero la actitud de negación materialista es incongruente; se dice que no se cree sino en lo que se ve y ellos creen todas sus hipótesis absurdas, hipótesis que nadie ha visto, que a nadie le consta. En realidad de verdad, nunca científico alguno vio surgir el primer hombre; mas hablan ellos con tanta autosuficiencia como si hubieran estado en el Mioceno, como si hubieran visto los antropoides surgiendo allá, de la antigua Lemuria. Se entronizan a sus dioses maravillosos, como lo son los famosos lemúridos y también los mandriles, como prosimianos sublimes de los cuales descendemos. ¿Les consta eso? ¿Lo han visto alguna vez? ¡Nunca! ¿En qué se basan? En cosas que no han visto. ¿No son ellos mismos los que dicen que no creen sino en lo que ven? Entonces, ¿por qué están creyendo en lo que nunca han visto? ¿No es acaso esto una contradicción? ¿No resulta en el fondo ésto incongruente?
Bueno, hasta aquí mi conferencia de esta noche. Si hay alguna pregunta, pueden hacerla sin salirse exactamente de lo que estamos enseñando. ¿A ver? Pregunten.

P.- Maestro, se dice que el cambio de una especie a otra, que es por mutación, ¿cree usted de verdad, que no existen mutaciones entre las especies?
R.- Vamos con el mayor gusto a dar respuesta a esa pregunta.
Estos tontos científicos de la antropología materialista, creen que mediante los cambios ambientales y de clima, se transforma –en alguna forma, aunque sea en mínima parte–, los órganos de la generación con posible mutación de genes, y darían a esas afirmaciones anticientíficas la calidad de exactitud y el poder de producir nuevas especies. ¡Absurdo! Porque nunca hemos visto nosotros a través de los siglos que los caballos se conviertan en otra cosa, que las águilas dejen de ser águilas, que los peces del inmenso mar se conviertan en gente, ni siquiera los tiburones a los que se les otorga también nuestra paternidad –pobres tiburones que allá viven en el mar tranquilos, mientras nosotros discutimos sobre ellos por aquí, en esta tierra–, podrían jamás cambiarse en cosa alguna que no fuera en tiburones. ¿Aseverar lo contrario? Es creer lo que no se ve. ¿No son ellos acaso los que están diciendo que no creen sino en lo que ven, pues por qué se contradicen?

Que haya dos tipos de creación o dos clases de teorías para afirmar el origen del hombre, la una por vía dijéramos, instantánea, como aquel muñequito del Génesis Bíblico, en el cual Jehová sopla terriblemente o que sea a través de la mecánica evolutiva, pues es cuestión dijéramos, de preocupación para los señores de la falsa ciencia. Porque en el fondo realmente la raza humana, tiene su prototipo original y antes de que los famosos mamíferos aparecieran sobre la faz de la Tierra, el Hombre ya existía, y esto lo iremos demostrando a través de nuestras sucesivas conferencias; porque quiero que ustedes sepan que en estos estudios nos vamos a enfrascar durante varios años; porque no se puede tener una preparación seria si no se conoce, en realidad de verdad, los principios científicos del Gnosticismo Universal. Es necesario estudiar la antropología en forma científica, antes de que estudiemos las culturas.
P.- Venerable Maestro, mi pregunta sería: ¿qué actitud propia debe tener el investigador gnóstico para que no sea una actitud similar a la ciencia materialista y asegurar cosas que no hemos visto? ¿Qué actitud debe tener, a partir de estas conferencias en adelante, el estudiante gnóstico?
R.- Pues a partir de estas conferencias el estudiante gnóstico, debe desarrollar precisamente las facultades que le permitan investigar la geología, en sus formas más profundas, lo mismo que la filogenia. Indubitablemente, la ciencia de la meditación, tal como nosotros la vamos dando, permitirá a nuestros estudiantes llegar a ser verdaderamente idóneos en la investigación; eso es obvio.

En cuanto lo que estos señores, pues, a las afirmaciones de estos señores, es claro que serán descuartizadas a través de nuestras distintas conferencias.
Nunca jamás se ha visto que mediante la selección sexual genética, un hombre se convierta en caballo o un caballo se convierta en hombre o que de un lemúrido salga un hombre. Todas las suposiciones de la rueda esa de nuestros antecesores, incluyendo al tiburón –que no se escapa tampoco–, no son más que empíricas, no tienen aseveración.
Vendrá en nuestro auxilio para demostración, a ese mundo de los profanos materialistas, aparatos científicos mediante los cuales se podrá ver en la pantalla –como ya lo dije– la historia de la Tierra y de sus razas. Ya hay ensayos, recordemos al cura Peregrini, en Italia, que está descomponiendo en estos momentos los sonidos para transformarlos en imágenes; también hay algunos ensayos en los Estados Unidos. No demora el día en que los Registros Akásicos de la Naturaleza caigan en poder de la ciencia y entonces todo el mundo podrá ver la realidad en las pantallas. Como ya dije, el Anticristo de la ciencia quedará ante el veredicto solemne de la conciencia pública, desnudo, en su crudo realismo, tal cual es. Mientras tanto, debemos nosotros despertar ese sentido maravilloso de la intuición Prajña-Paramita, a través de la meditación para investigar por sí mismos. Tenemos los aparatos de investigación adentro, aunque los materialistas no lo acepten; desarrollemos, usemos esos aparatos inteligentemente. Obviamente, que se hace necesario combatir a la ciencia materialista científicamente y lo vamos a hacer para que nuestros hermanos, todos, incluyendo a los instructores y misioneros, queden debidamente preparados.
P.- Maestro, usted nos ha hablado del fenómeno físico-químico, del fenómeno biológico, pero existe también el fenómeno psíquico, el fenómeno concientivo y el fenómeno ontológico. Maestro, ¿cuál es el origen del Hombre en las escalas psíquico, concientivo y ontológico?
R.- Si nosotros vamos a cerrarnos completamente a la banda –como se dice– como lo hacen los antropólogos materialistas, quedaríamos más que con los ganglios y el cerebro, la materia gris, como perceptiva de los fenómenos psíco-químicos, pero si ahondamos en todas estas cosas a fondo, venimos a descubrir precisamente que estos tres fenómenos de los cuales tú hablas, o sea: el psico-químico, el concientivo y el ontológico, como escala distinta de los niveles del Ser. El psico-químico o el químico que sirve de fundamento pues, a lo psíquico, para constituir lo psicosomático, obviamente está presente y todos ustedes lo han entendido o comprendido. En cuanto al conscientivo, realmente yo les digo a ustedes lo siguiente: el conscientivo tiene, dijéramos, un estadio, una base para la expresión sensible, cual es el asiento vital de la vida orgánica; empero si nosotros no desembotellamos la Conciencia no sería posible llegar a la experiencia de lo Real, de la Verdad y no solamente tenemos que desembotellar la Conciencia, sino la mente y la voluntad. Tenemos que convertirnos en individuos idóneos para la investigación, porque en realidad de verdad, dentro del Ego, o dentro de los agregados psíquicos inhumanos que llevamos dentro, tenemos nosotros embutida la mente y la voluntad y la Conciencia. La mente es importante para el estudio, para el análisis, pero la gente no tiene mente íntegra, unitotal, individual. La gente tiene la mente dispersa, embotellada entre los distintos elementos psíquicos indeseables.

Por estos tiempos se habla –por ejemplo– mucho de dinámica mental. ¿Cómo puede uno realmente llegar a la cuestión esa de la dinámica mental, ejercerla con maestría, si tiene la mente embotellada entre los distintos elementos inhumanos que lleva en su interior? Es obvio que debe desintegrar tales elementos para tener mente íntegra, unitotal, no dividida por el proceso de la opción, no dividida por el proceso electivo, una mente que realmente se manifieste en forma íntegra. Y en cuanto a la Conciencia en sí misma, la Conciencia pues, los tres aspectos, ¿la Conciencia es el último que dices tú?
Discípulo: El Ontológico
Maestro: El punto de vista ontológico. Tenemos que ir mucho más allá, tenemos que pasar a la cuestión del Ser en sí mismo, porque lo ontológico es más profundo, se refiere al Ser y a sus distintas partes autónomas y auto-conscientes. Si uno no despierta la Conciencia, nada puede saber de sí mismo, de su propio Ser. Así pues, es necesario despertar completamente la Conciencia.
Por ejemplo, veamos: mucho se habla por estos tiempos sobre filogenia, pero ¿cómo podría conocerse la filogenia si no estudiamos la ontogenia, dentro del proceso fetal? Bien sabemos nosotros que en el vientre, dijéramos, en el claustro materno, se repite exactamente toda la historia por la cual ha pasado el ser humano, en sus procesos evolutivos e involutivos. Quien quiera conocer la filogenia a fondo, debe estudiar la ontogenia, y nadie podría en verdad entrar dentro de los misterios de la ontogenia y llegar a la filogenia exacta –no a la filogenia materialista– si antes no ha despertado ciertamente, en forma íntegra, la Conciencia y más aún, si no ha desembotellado la mente, si no ha logrado una mente íntegra, unitotal. Así que las clases que aquí hemos dado nosotros sobre psicología práctica, con fondo trascendental, deben convertirse dijéramos, en asiento de todas nuestras ocupaciones diarias, para convertirnos en investigadores competentes de la Ciencia Gnóstica.
P.- Maestro, hay ciertas épocas, catástrofes, que permiten que se crucen especies. ¿Cómo explicarles a la psicología humana, a los que desconocen totalmente el proceso del despertar de la Conciencia gradual, que hay ciertas épocas en que las especies se pueden cruzar y dar origen a ciertas monstruosidades?
R.- Pues ésto realmente, es inasequible para la ciencia oficial. ¿Qué puede saber la ciencia oficial sobre el modo como esos tres factores –por ejemplo– cuales son las tres fuerzas primarias de la Naturaleza y del Cosmos, se polarizan? Incuestionablemente que eso nadie lo puede negar, que las tres fuerzas se polarizan a veces en una forma, a veces en otra, a veces se permite que hayan ciertos cruzamientos y en otras épocas esos cruzamientos resultan algo más que imposible, debido precisamente a la mismísima polarización –y esto que estoy diciendo no es para la conferencia, ni va a quedar grabado, lo que dijimos sobre la conferencia es hasta donde dije, aquí termina la conferencia–. Por ejemplo el chango –ya hablando aquí entre nos– pues indubitablemente tiene origen humano. Fue una época en que cierta raza lemur, humana y muy humana, se mezcló con bestias de la Naturaleza. También al final de la Atlántida se dieron esas mezclas, pero eso fue en esa época, en que el Okidanok activo, omnipresente y omnipenetrante, se desdobló en los tres factores y estos se polarizaron en cierta forma y de cierta manera que permitió que seres humanos se mezclaran con especies animales y de allí surgieron changos. Tanto en Lemuria hubo changos durante el Mioceno, como también los hubo en la Atlántida; de eso trataremos más adelante y de forma seria y en estudios científicos.

Claro que lo que en este momento estamos platicando es aquí entre nosotros, no está incluido dentro de la conferencia. ¿A ver hermano, a ver?
P.- La antropología se basa mucho en la geología, para poder citar al hombre antiguo, en qué época apareció. Esos tanteos de la geología, también sabemos muy bien, que es un riguroso estudio de observación por formaciones geológicas; a esas formaciones geológicas se les ha llamado como bien sabemos todos: la era Primaria, Secundaria, Terciaria y la Cuaternaria, en la cual estamos. En la era Secundaria y Terciaria, donde aparecen estos periodos del Plioceno, Mioceno, Trioceno, Oligoceno, se les ha dado un dato aproximado a través de las pruebas de la computada, del polen, o a través de las capas geológicas. “Si tal formación geológica tiene tantos años y si el esqueleto está allí aparecido hace tantos años, apareció ese hombre, según en la profundidad en que se encuentra”. ¿Esas formaciones, en sí mismas, sí se corresponden a los años que pone la ciencia oficial?

R.- Bueno, la pregunta que tú me estás haciendo no está dentro de la conferencia de hoy, no. Porque tenemos que ceñirnos estrictamente a lo que hemos enseñado hoy, nada más; pero te la contesto con mucho gusto.
Obviamente que esas clasificaciones son absurdas en un ciento por ciento, porque en realidad de verdad, las eras que tú has citado, tiene cada una su correspondiente escenario. Hoy me limito solamente a decir, que el Mioceno tuvo por escenario la Lemuria. Así pues, al citar nosotros eras, nos apartaremos totalmente, durante estas conferencias, durante este ciclo de investigaciones y estudios, de las concepciones cronológicas materialistas. Vamos a ceñirnos estrictamente a la Antropología Gnóstica. ¿A ver hermano?
P.- Maestro, la antropología oficial no acepta ni la Lemuria ni la Atlántida, ni siquiera habla de eso; entonces la antropología oficial trata de entender el origen del hombre desde la raza Aria nada más, centrándose allí, sin pensar en que hay lemures y atlantes tampoco. Entonces creo que hay una gran confusión allí.
R.- No ignoramos eso, pero qué importa eso a la ciencia y qué a nosotros. Ya he dicho: “el que ríe de lo que desconoce está en el camino de ser idiota”. ¿Que vamos a quedar nosotros también embotellados dentro de la famosa Pangea materialista? ¿O vamos nosotros acaso a combinar la Antropología Gnóstica con la antropología de los ignorantes materialistas, enemigos del Eterno? ¡Jamás! Al contrario, nosotros vamos a combatir a la antropología materialista con la Antropología Gnóstica y vamos a demostrar científicamente el absurdo de la antropología materialista.

Ahora solamente me propongo, en realidad de verdad, prepararlos a ustedes para que queden suficientemente fuertes para la batalla. Dentro de algún tiempo, cuando estén preparados en verdad, retaremos públicamente a la antropología materialista ante el veredicto solemne de la conciencia pública y científicamente los venceremos en el campo de batalla. Eso es todo. ¿A ver hermano?
P.- Perdone Maestro que insista en la misma pregunta, tal vez me expresé mal. La antropología materialista científica, se basa en que la base del hombre está en la Tierra y los estudios de la antropología se basan en la geología. Ellos empiezan explicando la formación del planeta, después explicando la aparición de la vida en el planeta y luego cómo fue la vida evolucionando de algas marinas a animales, etc. ¿Esas épocas las vamos a estudiar nosotros, vamos a tener una base a través del planeta?
R.- ¿Cómo podría ocurrírseles a ustedes, que fuéramos todos nosotros a estudiar la antropología excluyendo la geología? Sería eso tan absurdo como querer que un drama se representara sin escenario, en el aire, así porque sí. Todo el drama de la vida humana, toda la historia de la Tierra y de sus razas, se han desenvuelto dentro de distintos periodos geológicos y por lo tanto, a través de estos estudios se van contemplando esos periodos geológicos. Mas no vamos a desenvolver nuestra didáctica de acuerdo con el programa de la antropología materialista, porque no somos copiones, sencillamente vamos a ir desarrollando todas estas cuestiones antropológicas y geológicas de acuerdo con nuestra propia dialéctica. Hoy solamente he querido poner como principio, Lemuria y Atlántida. Los estudios que habrán de procesarse a través de nuestras exposiciones antropológicas, irán echando cada vez más y más luz, sobre la cuestión geológica de Lemuria y Atlántida y en general, sobre los distintos procesos geológicos de la Tierra a través de los millones de años que han transcurrido.
En modo alguno vamos a enseñar antropología excluyendo la geología y las distintas eras históricas, eso sería absurdo. Así que se tenga en cuenta que nosotros no necesitamos tomar prestado nada de la geología y de la antropología materialista, únicamente vamos a poner las cartas sobre la mesa y a demostrarle al mundo que la antropología materialista es falsa en un ciento por ciento. Eso es todo. ¿A ver? Hable, hermano.

P.- Quería referirme, venerable Maestro, algunas preguntas que se han hecho demuestran en el fondo, quizá hay algo de temor a las confrontaciones futuras que se tenga con los antropólogos científicos. Yo diría venerable, que no puede ser antropólogo aquel que no se conoce a sí mismo, por eso podríamos nosotros empezar a confrontar a la antropología científica: “¿usted estudia al hombre? ¿Usted se conoce a sí mismo? ¿Usted quiere hallar el origen de la vida? El origen de la vida está en usted mismo. Cómase un pedazo de carne y verá que se transforma en vida. Investigue el origen de la vida en usted, ¿para qué va a hacer excavaciones fuera de usted mismo?” Nosotros realmente tenemos los métodos, la lógica trascendental, el conocimiento sublime que nos permitirá demostrar a los demás, no en base a absurdas lecturas, sino a investigaciones concretas. Ahora mi pregunta sería la siguiente.
R.- Bueno, ¿pero cuál es tu pregunta? Primero me planteas algo, eso no es pregunta. Por ejemplo, voy a contestar primero, luego viene la pregunta. Tenemos que ser exactos entonces.

Indudablemente, mis queridos amigos, hermanos, pues conociéndose uno a sí mismo, conoce el Universo, conoce la Tierra, conoce todo lo que es. Pero a los geólogos, a los antropólogos materialistas no los vamos a convencer con esos razonamientos, es exacto para nosotros, pero ellos ni lo entienden, ni lo aceptan. Así pues, a ellos los vamos a combatir con nuestra dialéctica científica, y eso es todo. Ahora, habla tú.
P.- Usted nos hablaba de la selección natural, Maestro, entonces nosotros hemos venido observando que algunas especies han desaparecido. Nuestra pregunta es: ¿las especies realmente desaparecen o se reabsorben en sus arquetipos primigenios para luego reaparecer en otra futura ocasión, de acuerdo a los ciclos vitales de un planeta?

R.- Ya hablé sobre eso en un Mensaje de Navidad anterior que ustedes conocieron, hablé sobre los gérmenes de la vida. Entonces dije que esos gérmenes estaban contenidos aquí mismo, en la Naturaleza y que tienen sus tiempos de evolución y de involución. Una especie, por ejemplo, sale de su estado germinal cuando es su tiempo, su hora y en el medio ambiente que le pertenece, etc., entonces se le ve en evolución. Cuando las condiciones del medio ambiente cambian, entonces esa especie involuciona y al fin desaparece, pero al desaparecer quedan sus gérmenes suspensos en la atmósfera, en la Naturaleza. Si se crearan artificialmente condiciones similares a las que existieron en aquella época, esa especie volvería a aparecer, pero han de aparecer esas condiciones. Así pues, que las especies, los gérmenes, todo lo que es, ha sido y será, tienen sus tiempos de manifestación y sus tiempos de pralaya.
P.- Entonces con esa explicación, Maestro, ¿se le da un golpe, digamos así, fulminante, a ese aspecto de la creación por selección natural?
R.- Pues sí. Los científicos materialistas tienen tan absurdos, como suponer por ejemplo, que las especies pueden tener cambios espontáneos y variaciones accidentales, y sin embargo, ellos mismos han aceptado el dogma de que estamos en un Universo de fuerza, de materia y de necesidad. ¿No es acaso esto incongruente y absurdo?
Bueno, hasta aquí, porque se nos hace muy tarde la cuestión.
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